Fue
aquel año el último en que rigió el antiguo plan de enseñanza; es decir, que la
segunda se comenzaba por el latín solo, y que aún conservaba esta asignatura sus
tradicionales categorías de menores, medianos y mayores […]
…estaba encomendada su
cátedra, interinamente, al propietario de la de medianos y mayores, con el ítem
más de la de Retórica, y Poética, el campurriano archifamoso, perínclito e
inolvidable don Bernabé Sáinz, ejemplo vivo de dómines sin entrañas, espanto y
consternación de los incipientes humanistas santanderinos de entonces […]
Don Bernabé era
hombre de cortísimos alcances, y esto se echaba de ver en cuanto se salía de
los carriles del Arte señalado de texto […]
Fuera de los poquísimos ejemplos
que sacaba de Tácito o de Tito Livio, todas sus oraciones, propuestas muy
lentamente y paseándose a lo largo de la clase, tomando rapé, eran del género
culinario, y, mutatis mutandis, siempre las mismas.
-Estando la cocinera
-díjome una vez, al llegar yo a hacer oraciones de esta clase-, fregando los platos, los discípulos
le robaban el chocolate.
Pues en latín, y sin grandes dificultades, lo de la cocinera, lo de
fregar los platos y hasta lo del robo por los discípulos; pero llegué al
chocolate y detúveme.
-¿Qué hay por chocolate? -pregunté.
-Hombre -me respondió deteniéndose él también en su paseo, torciendo la
cabecita y tomando otro polvo-, la verdad es que los romanos no le conocieron.
-Meditó unos momentos, y añadió, con aquella voz destemplada, verdadera salida
de tono, que le era peculiar:
-Ponga masa cum cacao, cum sacaro et cum cinamomo confecta.
(Masa hecha con cacao, azúcar y canela).
Hízonos gracia la retahíla, y reímonos todos; pero pudo haberme costado
lágrimas la dificultad en que me vi para acomodar tantas cosas en sustitución
del sencillísimo chocolate, sin faltar a la ley de las concordancias en género,
número y caso.
Otra vez, y también a propósito de fregonas y de discípulos golosos,
salió a colación la palabra arroba.
-¿Qué hay por arroba? -preguntó el alumno.
A lo que respondió don Bernabé, con la voz y los preparativos de
costumbre:
-La verdad es, candonga, que esa unidad no la conocían los romanos...
Ponga... pondus viginti et quinque librarum (peso de
veinticinco libras).
Como en estos casos le daba por estirarse, en otros prefería encogerse.
-Voy a Carriedo -mandó poner en latín en una ocasión; y como el alumno
vacilase...
-¡Carretum eo, candonga! -concluyó el dómine alumbrándole dos
estacazos-. ¿Qué ha de haber por Carriedo sino Carretum, carreti?
Cuando un muchacho quería salir de la cátedra, obligado a ello por
alguna necesidad apremiante […]
Aconteció una vez que se alzó un muchacho; y después de haber estado
cerca de un cuarto de hora en la susodicha forma de interrogante, sin obtener
respuesta, díjole don Bernabé:
-¡Corre, que te pillan!...
Y el chico apretó a correr hacia la puerta.
-¿Adónde va, candonga? -le gritó el dómine. ¡Vuelva, vuelva, y póngamelo
en latín!
Volvió el muchacho, y, torpe y atarugado, comenzó a decir:
-Curre... quod... pillant...
-¡No estás tú mal pillo, calabaza! -y deslomóle de un bastonazo-. ¡A
ver, el otro!
Y como el otro no estuviese más acertado que su antecesor, continuó el
de más allá, y luego el que le seguía, y después el otro, y, por último, los
mayoristas, que tampoco supieron vencer la dificultad, con lo que don Bernabé
fue entrando en calor, y la bromita del «corre, que te pillan»
acabó en tragedia.
Tal era el lado cómico de
este personaje
JOSÉ MARÍA DE PEREDA, Esbozos y rasguños
[para el
resto, este enlace, donde hay alguna
otra escena jocosa, aunque principalmente es una sucesión de palos y zurriagazos]
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