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miércoles, 13 de mayo de 2015

LA FLIPPED CLASSROOM, NABOKOV Y LAS TROMPETAS DE JERICÓ

Entonces los sacerdotes soplaron las trompetas, el pueblo prorrumpió en un grito ensordecedor y los muros se desplomaron sobre sí mismos   (Josué, 6.20)
 [1. Ahora que no hay asignaturas, todo son proyectos y flipan alumnos, flipan profesores y el poder flipante tiene la fuerza de las trompetas de Jericó para derribar hasta los muros jesuíticos, arrumbando las clases magistrales y sus decimonónicos profesores (de letras, a poder ser), me viene a la mente un pasaje de una novela de Nabokov, Pnin, escrita hace más de 70 años. En ella el autor con su humor habitual cuenta las tribulaciones de Timofey Pnin, un ruso exiliado a EE.UU que malvive dando clases de su idioma.  Durante una velada en su casa los profesores de su escuela entablan una conversación acerca de los métodos modernos (1957) de educación, donde Nabokov satiriza las líneas maestras de los nuevos sacerdotes.]


Los demás escuchaban el análisis que Hagen hacía de los métodos modernos de educación:

-Podéis reíros, podéis reíros, pero afirmo que la única forma de salirse de ese embrollo consiste en encerrar al alumno en una celda insonorizada y eliminar el aula.

-Sí, es verdad -le dijo Joan a su marido en voz baja

-Me alegra que estés de acuerdo, Joan -prosiguió Hagen. Sin embargo, hay quien me ha llamado enfant terrible por el hecho de haber expuesto esta teoría, y quizá no te resulte fácil seguir estando de acuerdo conmigo cuando me hayas escuchado hasta el final. Habrá que poner a disposición de este estudiante aislado discos fonográficos que traten de todos los temas posibles...

- ¿Y la personalidad del profesor? -dijo Margaret Thayer-. No me dirás que eso no cuenta.

-¡Desde luego que no! -gritó Hagen-. ¡Ahí está lo trágico! A ver, dime, ¿quién quiere tenerle a él de profesor! - señaló al radiante Pnin-. ¿Quién quiere su personalidad?  ¡Nadie! (…).  El mundo no quiere a Timofey. El mundo quiere máquinas.

-Se podría conseguir que Timofey saliera televisado- dijo Clements. (…)

-¿Y qué opinas tú de mi polémico plan? -le preguntó Hagen a Thomas.

-Yo te diré qué opina Tom -dijo Clements (…) Tom opina que la mejor forma de aprender cualquier materia consiste en convertir las clases en coloquios, lo cual significa permitir que veinte jóvenes y un neurótico presuntuoso discutan durante cincuenta minutos acerca de una cosa de la que ni ellos ni su profesor tienen ni idea.

-Me veo en la obligación de protestar, Laurence -dijo Thom-. Un coloquio relajado, en una atmósfera de generalizaciones amplias, me parece una forma de enseñanza mucho más realista que el anticuado monólogo del profesor.



[2. LATINVM AD LATRINAM. Si alguien ha llegado aquí en busca de una ración de crítica específicamente latina, no se irá de vacío. Si tiene tiempo y sabe reírse de sí mismo, puede leer un cuento de juventud de Julio Verne inédito hasta 1991 y no traducido al español hasta 2010: El matrimonio del señor Anselmo de los Tilos Recuerdos de un alumno de octavo. La sátira es demasiado grotesca, pero tiene algún golpe bueno. Se puede leer completo aquí. Por cierto, este fin de semana me voy a Santiago al curso Latine doceamus, latine discamus: espero no volver hecho un Naso Paraclet.
3.Dispongo de otra vacuna - de más de 100 años- contra la proliferación de “proyectos”. La próxima semana, a la vez que os cuento cómo me fue en Santiago, os hablaré de su eficacia, porque también proyecto ir a Coruña al III Encuentro inspiraTICs: Proyectos innovadores desde las aulas gallegas, de la Plataforma Proyecta, fundación de Amancio Ortega Gaona].

lunes, 13 de abril de 2015

LATÍN POR CIGARRILLOS (GÜNTHER GRASS, IN MEMORIAM)

[1. La inevitable muerte del último gran narrador del siglo XX es motivo sobrado para volver a estas ingratamente abandonadas páginas y  pasar revista a la relación del gran autor alemán con el latín.]
[2. Tanto en la Trilogía de Danzing como en El Rodaballo, Günter Grass hace escuetas referencias al estudio del latín. Aunque no soy capaz a bote pronto de citarlas (y menos de deslindar lo autobiográfico de lo fingido), básicamente se pueden clasificar en dos tipos: a) observaciones fugaces a sus encuentros sucesivos (escuela, monaguillo, instituto, por libre) con la lengua confesando que nunca llegó dominarla, pero siempre con un cierto respeto por ella;  y b) tributo de admiración (y de mala conciencia por la pasividad)  hacia su profesor de latín Richard Stachnik, político y teólogo católico depurado por los nazis. Valga por todos este fragmento del capítulo titulado Dr. Stachnik  de El Rodaballo, “En el Segundo mes”:]

Cuando usted (con poco éxito) era mi profesor de latín y yo un atontado miembro de las Juventudes Hitlerianas (…) Como silencioso adversario del Nacionalsocialismo, debía andarse con cuidado. Y, sin embargo, lo persiguieron hasta en la enrarecida atmósfera del colegio; lo que apenas molestó a nuestras duras cabezas de colegiales.

Para nosotros, usted, con su severidad latina, fue un extraño…

Pero es en su autobiografía  Pelando la cebolla (2007) donde  Grass da las claves reales de sus narraciones de ficción. Así el citado profesor Stachnik:

“Y cuando mi profesor de latín, monsignore Stachnik, volvió al cabo de unos meses y siguió enseñando, tampoco hice preguntas insistentes (…) Bueno, de todas formas él tampoco hubiera podido responder. Así solía ocurrir por todas partes al salir de un campo de concentración (…)”

Sin embargo, mi silencio debió pesarme bastante, porque de otro modo difícilmente me hubiera obligado a levantar a ese profesor de latín, en otro tiempo presidente del partido de centro del Estado Libre, como incansable valedor de la beata Dorotea de Montovia en mi novela El Rodaballo.

Hacia mediados de los setenta fue a visitarlo, ya retirado en un convento, para hablar de los viejos tiempos. Ahí confiesa de pasada:

       Que yo había sido mal alumno de latín parecía haberlo olvidado benévolamente

Más adelante cuenta su intento de volver a retomar los estudios tras la guerra, alentado por un compañero que le convence diciéndole: “¡Compréndelo de una vez! Un hombre sin bachillerato no cuenta!”. Aquí podemos entrever fugazmente su actitud ante la asignatura:

       “Apenas se podía guantar aquello más de una hora de clase. En la primera se rumiaron cosas en latín. Eso podía pasar aún. El latín es el latín”.

Curiosamente, tras abandonar los estudios y trabajar en una mina es cuando realiza su tercer y último intento para aprender latín: 
fue a lo largo de esa incesante y difusa búsqueda de sentido en la que el chico acoplador… iluminado sólo por su lámpara de carburo, comenzó a empollar los vocablos y leyes de bronce de una lengua muerta.

Aquella situación absurada se mantuvo con tanta claridad que, todavía hoy, me oigo conjugar verbos. No hay duda: aquel chico acoplador que, 950 m. por debajo de la corteza, trata con empeño y obstinación mejorar su miserable latín soy yo. Como en su época escolar, hace muecas mientras recita la máxima aprendida: qui quae quod cuius cuius cuius

       Me  burlo de él, lo llamo “personaje cómico”, pero no se deja distraer, quiere llenar con algo el vacío, aunque sea con los desechos de una lengua muerta que su compañero del campamento de Bad Aibling dominaba y había calificado de “dominadora del mundo para siempre”. Más aún: Joseph afirmaba incluso que soñaba según las inquebrantables leyes de esta lengua.

       Gramática y diccionario me los prestó con buena intención una profesora de instituto jubilada…que a cambio de una pequeña retribución –los cigarrillos del no fumador- se ofreció a darme clases particulares en su buhardilla.


  -     Un poco de latín no puede hacer daño a nadie -fue su consejo.


[3. Las circunstancias familiares le impidieron seguir su empeño. En fin, aunque es cierto que nunca llegó a pasar de la fase memorística (el mismo ejemplo qui quae quod cuius… lo cita en El gato y el ratón) me quedo con el único intento que conozco de aprendizaje de latín bajo tierra- una especie, además, de tabla de salvación psicológica- y sobre todo con la magnífica frase de esa profesora con la que en la posguerra Grass intercambiaba cigarrillos por …¡latín! Hasta muy pronto.]

miércoles, 21 de enero de 2015

AL GRIEGO POR SU DIFICULTAD Y AL AMOR POR SUS PARTÍCULAS

[1. En El profesor Unrat (1905), Heinrich Mann  cuenta la historia de un profesor de latín de ciudad de provincias fracasado, solterón y amargado que un día pierde la cabeza por la señorita Frölich, una artistucha de cabaret de dudosa reputación. Esta relación le llevará a la ruina, al escándalo y, finalmente, a la cárcel. Lectura especialmente recomendable para toda persona que, como yo, atesore las tres codiciadísimas prendas de profesor de latín, cuarentón y solterón. La peripecia vital narrada es semejante a la de la magnífica Risas en la oscuridad de Nabokov o la película estrenada hace poco Antes del frío invierno de Philippe Claudel.
               
Cuando el profesor (en realidad una grotesca caricatura) ya está engatusado, la artista intenta hacer un esfuerzo por entrar en su mundo y nada mejor para ello que recibir clases de la especialidad de su protector:]

De pronto un día ella le anunció que quería aprender latín. Él la complació al momento. Ella lo dejaba hablar, fallaba las respuestas o simplemente no las conocía y etonces lo miraba fijamente, absorta en el montón de preguntas que se hacía a sí misma. En la tercera lección, le preguntó:

- Dime, Unrat mío¿qué es más difícil, el latín o el griego?

- Normalmente el griego- respondió él.

Pues entonces quiero aprender griego- anunció ella.

Él, encantado, preguntó:

- ¿Pero por qué?

- Precisamente por eso, pequeño Unrat.

Y lo besó. Aquello pareció la parodia de una terneza, pero no lo era; ella lo hacía con sentimiento. Unrat la había convertido en una mujer ambiciosa y ella, para honrarlo, pedía clases de griego, en vez de latín, porque era más difícil. Su petición era una declaración de amor, la declaración anticipada de un amor al que ella quería obligarse.


[2. Pero no regreso aquí para dar cuenta simplemente de mi envidiable situación y y discutir sobre la mayor dificultad del latín o el griego, sino para romper una lanza a favor de las injustamente preteridas partículas griegas. Las pocas veces que para desgracia de los alumnos he tenido que dar griego lo he hecho con menos entusiasmo y menos resultados –si cabe- que con el latín. El no dominar ni medianamente esta lengua me obligaba a convertir las clases en una sucesión exclusiva de ejercicios de morfología, sintaxis, diccionario etc. con todo el nivel gramatical que se quiera pero en todo caso dentro de unos límites muy estrechos. Creo que los alumnos se irían con una idea del griego parecida a la que circulaba en tiempo de mi madre sobre el latín: “El latín no se aprende: sólo se estudia”]

[3.Como consecuencia de ello, nunca he sabido transmitir realmente la importancia de esas partículas fundamentales que escanden las frases de Jenofonte, Platón, Demóstenes y compañía. O bien me poblaban las traducciones de mecánicos “por un lado…por el otro…” o bien, ante mis protestas, dejaban de traducirlas sistemáticamente: eran piezas desechables del rompecabezas  al que se limitaba para ellos/mí la lengua griega. Nada más lejos de la realidad. Su fuerza es tal que no sólo estructuran la forma de ver el mundo de los antiguos helenos sino que son capaces de provocar entre nosotros el sentimiento más elevado que podemos concebir. Si no, que se lo digan a Unrat, que cayó rendido a sus pies:]


Para compensar el fracaso de sus sentimientos, se empeñaba de vez en cuando todo lo que podía en las clases de griego. Unrat, con la cara iluminada, avanzaba a toda prisa, temblando, hacia las partículas. Cuando abrió el libro de Homero y le le mandó por primera vez un μέν  … δὲ νῦν, cuando oyó aquellas sílabas tan amadas saliendo finalmente del rostro maquillado de la artista Frölich, de sus labios finamente pintados, su corazón dio un vuelco. Tuvo que apoyar el libro y sentarse. Todavía no había recobrado la respiración cuando levantó de la mesa la pequeña, suave y siempre algo grasienta mano de la artista Frölich y le dijo que no estaba dispuesto a a separarse de ella ni un segundo de lo que le quedaba de vida. Quería casarse con ella.

              Espero que otros tengan un éxito semejante en transmitir el amor –el verdadero, claro – que encierran las palabras griegas. Para ello, de Homero, claro, ni hablar.
                                                                                                                                   

miércoles, 12 de noviembre de 2014

HYSTERON PROTERON (DTF)

1. DEFINICIÓN.- La definición más clara de esta figura de lo “lo posterior lo primero” se encuentra en la autobiografía de Evelyn Waugh. Entre las asociaciones de estudiantes que pululaban por Oxford, había precisamente una denominada así, cuya actividad describe del siguiente modo:

Había en Balliol un club llamado Hysteron-Proteron, cuyos miembros se las veían y se las deseaban, pasando grandes incomodidades para vivir un día al revés: se levantaban y se vestían de gala, bebían whisky, fumaban puros y jugaban a las cartas, y a las diez de la mañana cenaban en sentido inverso, empezando por los postres y terminando por la sopa.

 EVELYN WAUGH, Una educación incompleta (“Nunca una palinodia”)

2. EJEMPLO.- Siempre creí que esta figura, más difícil de encontrar que la Santa Compaña, estaba perfectamente ilustrada en el famoso verso virgiliano:

Moriamur et in media arma ruamus (Aen. II, 353)

hasta que en su comentario al libro II de la Eneida R. G. Austin derribó uno de los pilares en que se había asentado mi vida:

              It is a mistake to regard this type of line as an example of ὓστερον πρότερον: Virgil has put the important thing first, appending an explanatory clause by parataxis instead of subordination in a manner highly caracteristic of his attitude of composition.
  

Si ya no podemos confiar ni en nuestras más íntimas convicciones,¡vámonos y apaga!



martes, 4 de noviembre de 2014

ACCIDENTES DEL VERBO Y SITUACIÓN DE ESPAÑA


[1. Me han mantenido apartado de aquí diversas ocupaciones, de las que no es la menor el trabajo diario de las clases y su preparación. Pero no tengo intención de abandonar este pequeño altavoz para un profesor de latín, y mucho menos antes del final de curso, cuando dé cuenta de la experiencia y resultados de la aplicación del método directo a su enseñanza a los alumnos del bachillerato para adultos semipresencial, mi particular y, en cierta manera, obligado laboratorio: 50/100 minutos en semanas alternas; en 2ºBAC no llegan a 30 clases en el año, mismo temario y misma selectividad. Si fuera capaz de enseñar una lengua así sería millonario. La obra de ROUSE Latin on the direct method (1925) se puede descargar en PDF en http://www.classicalresourcecentre.com/arlt//DM/latin_on_direct_method.pdf 
2. Vuelvo, por su puesto, acorde con mi carácter, con una nueva sección. De hecho antes de decidirme por La ley del encaje, estuve barajando la posibilidad de llamarme Naywecka, nombre aplicado a la partida de Scar, el indio antagonista de Centauros del desierto: “una especie de torbellino que ahora está aquí y ahora allá…”  Quizá tenga algo de alma femenina, si hacemos caso al virgiliano Varium et mutabile semper femina, epifonema misógino elegido por Valentí Fiol en su magnífica Sintaxis Latina para ilustrar el atributo neutro de entes animados, con la versallesca, eso sí, traducción:  La mujer es siempre un ser variable y tornadizo. 
 3. Aquí va la primera entrada del Diccionario de términos filológicos (DTF) al modo de la ley del encaje, porque el de Lázaro Carreter y similares están anticuados y son muy aburridos. La primera entrada, LAS CATEGORÍAS VERBALES (con especial referencia al supino I), es un poco larga, pero está justificada por lo difícil del tema y por su rapante actualidad. Se dirige a los cargos portugueses en colonias del s. XVII pero yo creo que estaba pensando en la España del XXI. No en vano el Padre Vieira escribió también la História do futuro:]
Nicolau de Lira, sobre aquelas palavras de Daniel: Nabuchodonosor rex misit ad congregandos satrapas magistratus et judices, declarando a etimologia de sátrapas, que eram os governadores das províncias, diz que este nome foi composto de sat e de rapio. Dicuntur satrapae quasi satis rapientes; quia solent bona inferiorum rapere: «Chamam-se sátrapas, porque costumam roubar assaz.» E este assaz é o que especificou melhor S. Francisco Xavier, dizendo que conjugam o verbo rapio por todos os modos. O que eu posso acrescentar, pela experiencia que tenho, é que nao só do cabo da Boa Esperanca para lá, mas também das partes daquém se usa igualmente a mesma conjugação. Conjugam por todos os modos o verbo rapio; porque furtam por todos os modos da arte, nao falando em outros novos e esquesitos, que não conheceu Donato nem Despautério. Tanto que lá chegam, começam a furtar pelo modo indicativo, porque a primeira informação que pedem aos práticos, é que lhes apontem e mostrem os caminhos por onde podem abarcar tudo. Furtam pelo modo imperativo, porque, como tém o mero e misto império, todo ele aplicam despoticamente as execuções na rapina. Furtam pelo modo mandativo, porque aceitam quanto lhes mandam; e para que mandem todos, os que não mandam não são aceitos. Furtam pelo modo optativo, porque desejam quanto lhes parece bem; e gabando as cousas desejadas aos donos delas, por cortesia sem vontade as fazem suas. Furtam pelo modo conjuntivo, porque ajuntam o seu pouco cabedal com o daqueles que manejam muito; e basta só que ajuntem a sua graça, para serem, quando menos, meeiros na ganãncia. Furtam pelo modo potencial, porque, sem pretexto nem cerimónia, usam de potência. Furtam pelo modo permissivo, porque permitem que outros furtem e estes compram as permissões. Furtam pelo modo infinitivo, porque nao tem fim o furtar com o fim do governo, e sempre lã deixam raízes em que se vão continuando os furtos. Estes mesmos modos conjugam por todas as pessoas; porque a primeira pessoa do verbo é a súa, as segundas os seus criados e as terceiras, quantas para isso têm indústria e consciência. Furtam juntamente por todos os tempos, porque do presente (que é o seu tempo) colhen quanto dá de si o triénio; e para incluirem no presente o pretérito e futuro, do pretérito desenterram crimes de que vendem os perdões e dívidas esquecidas das que se pagam inteiramente; e do futuro empenhan as rendas e antecipam os contratos, com que tudo o caído e não caído lhes vem a cair nas mãos. Finalmente, nos mesmos tempos não lhes escapam os imperfeitos, perfeitos, plusquamperfeitos, e quaisquer outros, porque furtam, furtaram, furtavam, furtariam e haveriam de furtar mais, se mais houvesse. En suma que o resumo de toda esta rapante conjugação vem a ser o supino do mesmo verbo: A FURTAR PARA FURTAR.

            (PADRE ANTÓNIO VIEIRA, Sermão do Bom Ladrão, 1655)

jueves, 2 de octubre de 2014

HE VUELTO: PAULULUM DE VITA

         El viernes pasado, fumando un pitillo apoyado en el muro del centro tras acabar jornada, se me acercó la compañera de filosofía y me hizo la siguiente pregunta intempestiva (y siempre inoportuna): “Oye, tú… ¿por qué estudiaste latín?”. Una vez recuperado tras casi apágarseme el cigarro, desvié el golpe con un argumento ad sartaginem: hazte allá, que me tiznas, con lo que, para mi tranquilidad, acabó hablando de por qué ella estudió filosofía: compañeros, juventud, ambiente político, salir de casa y toda esa serie de circunstancias exteriores en las estábamos de acuerdo que suelen envolver las grandes elecciones vitales.
            
         Harto de justificar para qué sirve el latín, lo que me faltaba es tener que explicar por qué lo estudié, pregunta tanto más difícil cuanto que incluye la otra y supone poco menos que un análisis de toda tu vida. Y un viernes al salir de clase. Obviamente no lo hice entonces allí (ni lo voy a hacer ahora aquí) y le prohibí a mi cerebro que pensara en ello. Pero como este obedece con dificultad, en protesta se empeñó en traerme a la memoria cosas de 30 años atrás.

             Por las fechas de publicación de los ejemplares que guardo, empecé a leer la revista Don Miki – cuyo enésimo intento de reimpresión por planeta deagostini tiene lugar estos días- con ocho o nueve años. Desde entonces, no he dejado de releerlo, aunque con intermitencias, claro. No puedo fijar la secuencia exacta, pero supongo que se asemejará a la siguiente: lectura repetitiva hasta los trece; vergüenza, rechazo y ostracismo  durante la adolescencia; descubrimiento un sábado universitario pasado en cama ahíto de salir y de leer sesudos tratados filológicos; olvido obligado durante los duros tiempos personales y familiares al acabar la carrera; redescubrimiento en tiempos ya alegres al mover tal mueble y… relectura hasta hoy con cualquier disculpa: limpieza, sobrinas, reediciones etc.

           No me acuerdo bien, pero supongo que de pequeño me gustarían las historietas más infantiles. De lo que sí estoy seguro es de cuáles son las que me gustan y releo desde los once o doce años: las de Donald, sobrinos,  Gil Pato (y Rockerduck, menos). En concreto, las que además de una buena trama tienen el hilo conductor del enfrentamiento: generacional, de clases, de caracteres. En ellos aprendí la mis primeros conceptos económicos y políticos (que preguntaba a mis padres):


 
     
       Por aquel entonces, error que persistió mucho tiempo, pensaba que las aventuras venían de EE.UU y simplemente las traducían. Me llamaba la atención, eso sí, que en la lucha entre fantastimillonarios el arriesgado, moderno y americano Rockerduck siempre llevaba las de perder ante el tacaño, tradicional y europeo Gilito. Después, con más uso de razón, sospechaba que las historietas retrataban nuestra sociedad y no la anglosajona. En todo caso, lo que tenía claro era que los guionistas habían pasado por la clase de latín:

   

  





        Una cosa que me chocaba es que en medio de un vocabulario de nivel muy alto  (superior, por cierto, a la de un bachiller medio de hoy: he hecho la prueba) había faltas de ortografía, especialmente con las haches. Cuando ya me había decidido por estudiar latín en la universidad, esto y otras pistas me llevaron a la conclusión de que estaban escritas originariamente en italiano:




             Después, ya con Internet, me enteré de que la revista se producía en diversos países, entre ellos, en Italia: la revista Topolino, donde publicaron guionistas como Rodolfo Cimino, Silvano Mezzavilla, Romano Scarpa y tantos otros (sin olvidarme de los dibujantes: Massimo de Vita), Desde aquí rindo homenaje a estos maestros míos por la  geografía, historia, derecho, mitología y vocabulario que aprendí y también por…

… presentarme al primer profesor de latín del que tuve noticia, en:

 Patomás y la escuela del Krimen

 
Todo empieza cuando el Tío Gilito va en busca de su sobrino para un trabajito:




 Un profesor de latín aún más peculiar de lo habitual:
  

 









         
Entre los muebles buscan un mensaje que dé una pista del escondrijo del dinero, pero los antiguos discípulos latinistas diurnos reaparecen y les ponen las cosas difíciles:




 











Donald se transforma en Patomás, se deshace de la banda y debe interpretar el mensaje en clave:


           
Las cus le llevan al gimnasio, pero allí debe elegir la solución correcta:


           

            Facilito, ¿no? Pero para mí entonces no lo era y tuve que esperar a que los tres sobrinos me lo desvelaran. Quién sabe si en mi decisión de elegir latín pesaron asociaciones de mi primer encuentro con un profesor de latín: con la doble vida y lo delictivo, con lo arcano y cifrado, con el reto a la inteligencia y la cultura usada con un fin útil, cuya interpretación (y en eso no me engañé) te da acceso a un tesoro...



viernes, 27 de junio de 2014

MENSAJE DEL (ANTI)SISTEMA: CORTE TEMPORAL DE SERVICIOS

               Llegadas estas señaladísimas y entrañables fechas, me veo en la obligación de desaparecer temporalmente. Resurgiré, como la mayoría, en  Septiembre con las pilas cargadas. Como dice Séneca en una frase muy citada de De Tranquillitate animi:

  DANDA EST ANIMIS REMISSIO:

MELIORES ACRIORESQUE REQUIETI SURGENT



          No obstante, debería encontrarme en Santiago el 7 y 8 de Julio en el curso que organiza la SEEC. También estoy en twitter en  @Laleydelencaje, pero muy esporádicamente. En todo caso, feliz verano a todos y a disfrutar.